domingo, 29 de mayo de 2011

MILLONARIOS COMPLEJOS DE GOLF EN CUBA: AUSTERIDAD COMUNISTA vs. EXCESO CAPITALISTA



Aquellos con ciertas canas aún recuerdan cómo los barbudos destruyeron decenas de campos de golf que se erigían a lo largo y ancho de la que era considerada la isla más próspera del Caribe. La razón, sencilla: el golf era un pasatiempo de burgueses, cosa intolerable dentro del proyecto utópico de los hermanos Castro, Guevara y compañía.
El tiempo ha pasado desde entonces, y quienes una vez se entronaron como paradigmas de la igualdad proletaria hoy sucumben a la principal fuerza que mueve al mundo: no al amor, sino al dinero. A fin de cuentas, con dinero baila el mono.
Insólita resulta la noticia de inversiones multimillonarias encargadas por el gobierno comunista de Cuba encabezado por Raúl Castro y su balbuceante pero incómodo hermano mayor. Firmas canadienses, holandesas y británicas cargan con la encomienda de construir al menos cuatro nuevos proyectos de lujo en enclaves turísticos de renombre como Guardalavaca en la provincia de Holguín, Jardines del Rey en Camagüey y otros dos que aún no han sido revelados. La firma inglesa Foster & Partners será la encargada de los diseños y sus contrapartes canadienses desarrollaran los megaproyectos que se estiman en unos conservadores $500 millones de dólares por enclave.
Cada complejo contará con un exquisito campo de golf de último diseño, acompañado por complejos residenciales de lujo, centros de entretenimiento familiar, spas y hasta centros comerciales propios, con mercancía norteamericana y del mundo. Los precios de las unidades residenciales, entre las que cuentan apartamentos, bungalós, dúplex, suites y casas de verano comenzarán en los bajos $600 mil dólares y estarán dirigidos a captar a clientes adinerados que deseen comprar una segunda propiedad en Cuba. Porque sin temor a errar, nuestros ciudadanos no podrán acceder a semejantes extravagancias.
Pero, ¿Dónde quedó aquello de la austeridad marxista y las críticas férreas a los excesos del capitalismo? La respuesta es sencilla: en las peores páginas de nuestra triste historia. Con que facilidad se le niega a nuestro pueblo su derecho legitimo al bienestar económico y la prosperidad material, mientras tras bastidores descaradamente se comercia con los atractivos de nuestra Patria. Los inescrupulosos mercachifles del comunismo sumen a nuestra población en enormes carencias y los plagan de escollos para poder encaminar una modesta microempresa, a la vez que ponen en bandeja de plata nuestras tierras a los poderosos. De ninguna manera estamos diciendo que la inversión en Cuba de capital extranjero esté marcada por la censura; nosotros somos los primeros en defender la mundialización del atractivo cubano y de la mixtura de una economía local abonada con el intercambio comercial global entre nuestros empresarios nativos y los foráneos, tal y como funcionan los países civilizados; lo que si tenemos claro es que si se va a abrir el país a la inversión extranjera nuestros ciudadanos tienen que contar con las mismas oportunidades que el inversor foráneo, a fin de cuentas, es nuestro País.